miércoles, 20 de julio de 2016

Una cita ineludible: la 26° Feria del libro infantil y juvenil



Como todos los años para esta fecha, visitar la Feria del libro infantil es una cita obligada. Este año, por primera vez, se realiza en el Centro Cultural Kirchner y en Tecnópolis. Mi destino era el Kirchner, por ser el lugar más cercano a mi casa. Hacia allí me dirigí.



Primera sorpresa de la tarde: la entrada principal estaba vallada y no había ninguna cartelería o indicación de dónde era la entrada. Me acerqué a alguien de seguridad –ya no están los/as jóvenes que atentamente atendían cualquier consulta en el pasado- y me dijo que era por Alem, casi llegando a Corrientes. A mitad de cuadra hay una entrada, ingresé por ahí, pero tampoco era la entrada. Ahí me remitieron a la vuelta, sobre Corrientes. Allí tampoco había ningún cartel indicador, así que supuse que era por ahí. Me encontré nuevamente con gente de seguridad y una chica que entregaba los mapas y la programación, pero no de todos los días de la feria sino hasta el 23 de julio. A diferencia de los últimos años, ya sea en el Polo Circo o en el Dorrego, los estands están todos juntos, uno pegado al lado del otro, sin espacio, apiñados, comprimidos. La mayoría de tamaños muy pequeños y con poca posibilidad de movilidad para el público, sobre todo para lxs niñxs.

Por suerte, como todos los años, por ser docente en la mayoría de los estands el descuento es del 20 % con todos los medios de pago y, eso permite comprar libros. Recorriendo el espacio en pocos estands encontré descuentos.
En Ediciones del Naranjo, por comprar tres libros de la colección Luna de Azafrán te regalaban un cuarto libro y si no cada uno costaba 146$. 


Ahí me compré Como todo gato de Silvina Rocha y Pablo Tambuscio y, de la misma autora con ilustraciones de Vanesa Zorn Olivia y el violín.




En FCE conseguí Camino a casa del escritor colombiano Jairo Buitrago por 185$.


A unos pocos pasos estaba el estand de Loqueleo Santillana con la estrella de la feria, Roald Dahl y sus libros. Cada uno salía $159. Ahí, aproveché la novedad de Shaun Tan Eric y me compré Piedra, papel o tijera  y Los ojos de la noche de Inés Garland.


En Edelvives estaba la nueva edición de Alicia con ilustraciones de Benjamin Lacombe por más de 600$. Una belleza que quedará para la próxima.

En el estand de la Librería de las Luces, como siempre, ofertas por $60 , entre ellos, el imperdible Topito Birolo. 

Y en Colihue también hay muchas posibilidades de comprar buenos libros por poca plata.   

Y, en Libro de Arena/Calibroscopio pasé a retirar mi ejemplar de Hasta la vida que ya leí y disfruté mucho. Hermoso y conmovedor libro en el que participan un colectivo de autorxs e ilustradorxs para ponerle palabra a la indignación por la represión contra niñxs de la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo por parte de Gendarmería este último 29 de enero.

El recorrido, como siempre disfrutable pero, para la próxima vez, una propuesta para los organizadores: siendo el Kirchner un lugar tan grande y espacioso, valdría la pena tener más espacio disponible.

¿Ya estuvieron en la feria? ¿Con qué se tentaron?


viernes, 24 de junio de 2016

Hallazgos de un día cualquiera XIV: en mi biblioteca encontré unas nanas y una cebolla

Arreglando mi biblioteca, encontré el bello libro Nanas de la cebolla de Miguel Hernández ilustrado por Matías Acosta editado en el 2013 por Ediciones del Naranjo, que hace un tiempo me regaló mi amiga Natalia Jáuregui.


Volver a recorrer los versos que Hernández le escribió a su hijo Manuel Miguel es una experiencia de lectura conmovedora. En este poema, Hernández recupera la tradición de la forma folclórica infantil de las nanas y él transforma el dolor en poesía y belleza.

La historia de Hernández, como la de tantos combatientes republicanos durante la Guerra Civil Española, es la de un hombre que desde la cárcel sufre la tortura y el maltrato de sus opresores y la situación de miseria y desahucio en la que está su mujer y su hijo. Frente a esa intemperie en la que quedaron, el poeta escribe este poema a partir del recuerdo de su hijo comiendo cebolla para paliar el hambre.  

Cada estrofa nos acerca cómo siente el yo poético el hambre de su niño y la desesperación de la madre y, en esa situación, el consuelo es la luna como regalo y la risa como escape, como futuro, como libertad frente a tanta opresión. El cuerpo del niño es música para el alma y su no saber la forma de la supervivencia.  

Las imágenes de Matías Acosta nos trasladan a ese universo escueto y minimalista de la escasez y la miseria,  ya que cada doble página funciona como síntesis simbólica y poética de cada estrofa.
La reedición ilustrada de este clásico de la poesía en lengua hispana es una oportunidad para acercar a lxs niñxs este bello texto poético que habla del dolor y el amor de un padre por su hijo.

Un hallazgo para leer otra vez y otra vez.


jueves, 23 de junio de 2016

Un nuevo año y ya van 6…


Hoy estamos de festejo. Hace seis años, un poco con el deseo de socializar y compartir mis lecturas de la literatura para niñ@s, abrir un espacio de intercambio con colegas y estudiantes y otro poco con la intención de difundir la cultura con las infancias, inicié este blog. Ahora, después de un tiempo transcurrido, este espacio se convirtió en un lugar para intercambiar con colegas y estudiantes, aprender, conocer más sobre la literatura y otros artes con las infancias a partir del diálogo virtual que propone el blog y que cada una/o de ustedes lleva adelante con cada comentario, consulta e intervención.

De a poco, el blog fue teniendo una identidad clara con secciones fijas como Hallazgos de un día cualquiera, Viajes, agenda de eventos, Postales de jornadas y congresos sobre LIJ, el recorrido por la Feria del Libro infantil y juvenil cada mes de julio, Libros del mundo, En Lengua alemana, Lecturas de verano, Colaboraciones, entre otras.

Y, también, en algunos post fui reseñando distintas lecturas de textos que me resultaron interesantes para compartir como, por ejemplo, Trece modos de mirar a un niño de María Teresa Andruetto o la reseña de Hugo tiene hambre de Silvia Schujer y Mónica Weiss.

Un nuevo año trae nuevos aires –con nueva portada y cambio de look- y el deseo de seguir haciendo de este espacio virtual un lugar propicio para el encuentro y el intercambio. Por eso me gustaría que me contaran cómo les resulta el blog, cuáles son las secciones que más les gustan, cómo es estar del otro lado o lo que quieran compartir en este día de cumpleaños.

Nos seguimos leyendo, esperemos que por muchos años más.